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En el librito Dieci fiaccole accese raccontando padre Emilio Venturini escrito con un género literario un poco singular – es decir, son los personajes que el padre Emilio ha encontrado quienes hablan en una especie de entrevista por persona interpuesta, como se dice, no se usa a menudo este género –, se cuenta sobre el padre Emilio, se cuenta sobre la Sambo y los varios personajes que el padre Emilio ha encontrado y que han colaborado con él. Aquí es un poco la fantasía apoyada por la historia la que interpreta también el intento de dialogar, de hablar con la mentalidad de la época, con alguna palabra chioggiotta o ciosota, no sé cómo se dice, yo soy friulano y nuestra lengua es muy diferente del dialecto ciosoto, para decir el estilo con el que este texto de padre Venturini está trazado y obviamente allí también está la descripción de Chioggia de su tiempo. Además, las imágenes del pintor Chiereghin dan alguna idea de cómo podía ser Chioggia, entonces también la idea de la Chioggia pobre, llena de pobres. Y de hecho en el folleto Dieci fiaccole accese hay un par de pobres que cuentan su historia.
He tomado noticias también de un manuscrito, que espero leer también impreso, de investigaciones sobre la época en la que Venturini y otros colaboradores suyos, la Sambo y la Salvagno por ejemplo, vivieron y trabajaron, pues también de ese ms se extrae una tristeza fortísima al ver la Chioggia de los pobres. Ahora la ciudad de Chioggia es espléndida respecto a hace 100 o 150 años. Por ejemplo, hacia la mitad del siglo XIX en tiempos de Venturini, en el año 1822 Chioggia tenía 23.000 habitantes de los cuales 3.600 eran menores de 14 años, por lo tanto una ciudad en evolución, muy joven, pero la gran mayoría eran pobres, marineros, pescadores, jornaleros, aguadores, es decir, llevaban el agua desde el Adige – que además en ese tiempo había sido desviado en perjuicio de Chioggia y en beneficio de VE – y otros tipos de pobreza, así que también los niños, los chicos debían estar orientados a este servicio, a estos pequeños servicios. También el contexto político de la época era muy movido: Austria que tenía el predominio sobre Chioggia, mientras también estaba el paso con la anexión al reino de Italia y con disturbios que ocurrían en la ciudad. Las enfermedades difundidas eran el cólera, el tifus, la malaria, la viruela, muchas muertes por septicemia post parto, naufragios, por lo tanto los huérfanos eran numerosos y en Chioggia solo había un instituto para hijas de obreros, o en todo caso para institutos de huérfanos, en 1874 y tenía 12 plazas, era un instituto para niñas. ¿Por qué no para los niños? ¿Era una discriminación también en lo social? Existía esta convicción. He encontrado una nota significativa de una mentalidad discriminatoria de la época: la escuela de pesca de VE define la idea de un asilo para huérfanos varones como un error porque crearía inadaptados y el valioso contingente de marineros resultaría reducido, por lo tanto los niños deben quedarse allí donde están en su pobreza, en su orfandad porque deben crecer, convertirse en hombres de trabajo. Las niñas eran las más desheredadas, las más abandonadas, así que entonces Venturini no discrimina, entra un poco en la mentalidad de la época, pero acoge a aquellas personas que además de huérfanas y enfermas, están también en la mentalidad, en el riesgo de la situación en la que se encontraban las más peligrosas, las más en dificultad, por lo tanto verdaderamente es un heroísmo, es superar una mentalidad que descuidaba a estos pobres sobre todo a las muchachas, a las niñas. Quiero leer un testimonio del libro Presenza dolce e discreta, p. 35 de sor Pierina Pierobon, que recuerda las razones por las que Venturini y madre Elisa se dedicaron a las niñas, por lo tanto no discriminación, sino heroísmo en acoger al más pobre de los pobres: La clase de los más necesitados que más arrancaba lágrimas y el corazón a los dos visitantes (padre Emilio y madre Elisa) eran las hijas huérfanas las cuales corrían inconscientes hacia el vicio, vagaban por la ciudad para obtener con la limosna el alimento, ahora sentadas en la cabecera de los puentes, ahora en medio de las calles, o por las casas y tabernas; éstas merecían y tenían el principal cuidado”.
Por lo tanto, no discriminación, sino heroísmo amoroso y servicial hacia los más pobres, las niñas huérfanas y abandonadas de la ciudad.
DE CANDIDO L. Diez antorchas encendidas, Ed. Serve di Maria Addolorata, Chioggia (Venecia), 2005.
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