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Caritas Christi urget nos

2Cor 5,14

Siervas de María Dolorosa de Chioggia

Casa Madre y Curia generalizia: Calle Manfredi, 224 – 30015 CHIOGGIA (VE) Tel. 041 5500670; fax 041 5509875; E-mail: info@servemariachioggia.org

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XVI Capítulo General Ordinario de la Congregación

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SIGNIFICADO DEL LOGO DEL

XVI CAPÍTULO GENERAL ORDINARIO

El logo fue realizado por Mariangela Rossi a propuesta de la hna. M. Celeste Perez Padilla.

La cruz de Jesús abraza al mundo, a la humanidad. “Si permanecemos unidos a Jesús, el frío de los momentos difíciles no nos paraliza; y si incluso el mundo entero predicara contra la esperanza, si dijera que el futuro solo traerá nubes oscuras, el cristiano sabe que en ese mismo futuro está el regreso de Cristo…” Papa Francisco

La esperanza es el camino del bien que nos llama a ser mujeres valientes que saben desafiar la noche para ser anunciadoras de las primeras luces del alba, revitalizando la energía interior.

El mundo hoy tiene sed de Dios y como mujeres consagradas nuestra primera misión es transmitir el rostro materno de Dios.

La estrella representa a María, a quien miramos para inspirarnos y aprender a escuchar el grito de la humanidad e incarnar el carisma de la caridad donando la esperanza del Resucitado en un estado permanente de misión.

REFLEXIONES SOBRE EL TEMA

Puntos Bíblicos:

Centinela, ¿cuánto queda de la noche? (Is 21,11)

El breve, pero intenso, oráculo profético de Is 21,11-12 puede ayudarnos a discernir el hoy de nuestra historia.

La centinela en la antigüedad se encontraba en una posición desde la cual podía ver un peligro que los demás no podían percibir, y tenía la obligación de dar una advertencia.

El tiempo difícil que la humanidad está viviendo en este cambio de época, la violencia y destrucción a causa de la guerra en varias partes del mundo (la tercera guerra mundial en pedazos como la ha definido el papa Francisco), las devastaciones naturales causadas por los cambios climáticos, las ideologías que amenazan la integridad y el respeto de la persona, y no menos importante los tiempos difíciles que está atravesando la Iglesia y en consecuencia también nuestra familia religiosa, nos pide una reflexión a la luz de la fe para no caer en observaciones obvias y sin eficacia.

En el texto bíblico citado, la noche desolada que desorienta, en la que no se vislumbra el inicio del día, la profecía parece aludir a un nuevo acontecimiento inesperado, después del largo dominio extranjero; de aquí surge la razón de la pregunta dirigida al centinela: «¿Qué queda de la noche?».

La conclusión del texto insiste en perseverar, en no perder la esperanza; es necesario, advierte el profeta centinela, hacerse la pregunta con insistencia y prepararse para un cambio de conducta mediante la conversión. En esta perspectiva, el texto profético reserva una atención particular a la tarea confiada al centinela respecto a la ciudad, con el fin de salvaguardar la integridad de quienes habitan en ella.

La provocación invita a hacerse preguntas con el fin de emprender un camino de discernimiento, de búsqueda de sentido del tiempo presente con vistas a un recomenzar, es decir, a avanzar más allá mediante elecciones en el horizonte de la esperanza.

Volver a empezar, un volver a empezar auténtico, que no sea la derrota de una resignación. Esta conversión exige un movimiento de retorno al estilo de una esperanza grande como si se viera lo invisible (cf. Hb 11,27).

 Es necesario ante todo volver a Dios, partir de Él a través de una profunda transformación interior, reafirmando la primacía de la interioridad, de la espiritualidad, frente a un activismo exacerbado. (cf. 2Cor 4,16-18; Ef 3, 14-16). El hombre interior es el hombre nuevo, que emplea al máximo sus facultades, que es consciente de su propio límite y, por tanto, camina y actúa con humildad, orientado hacia una realidad más grande que encierra el sentido último de la existencia.

  En este sentido, la noche de las preguntas y de la búsqueda es un tiempo precioso para releer lo que ha sucedido en la historia de la humanidad, en nuestra historia de Congregación, un tiempo sapiencial guiado por el Espíritu para verificar y discernir nuestra disponibilidad para la renovación y para volver a empezar, desterrando los miedos y todo aquello que nos paraliza y que contamina la responsabilidad de elegir.

  Es en la noche cuando comprendemos dónde está nuestro corazón, es en la noche cuando nos damos cuenta si aún tenemos esperanza, si hemos creído en la promesa (cf. Gén 22), en la fuerza de un carisma que nos ha sido dado, si realmente creemos que tenemos un tesoro que custodiar.

  La esperanza es el camino del bien que nos llama a ser mujeres valientes que saben desafiar la noche para ser anunciadoras de las primeras luces del alba, revitalizando la energía interior, arriesgando lo poco que tenemos, con la certeza de que será el Señor quien hará crecer según la medida de nuestra fe.

Referencias eclesiásticas

En 2017 el Papa Francisco dedicó las catequesis a la dimensión de la esperanza invitando a no tener miedo “en esta nueva fase de la historia”, sino a vivirla “con humildad, con confianza y perseverando en la vigilancia laboriosa.

Ninguna noche es tan larga como para hacer olvidar la alegría de la aurora. Y cuanto más oscura es la noche, más cercana está la aurora. Si permanecemos unidos a Jesús, el frío de los momentos difíciles no nos paraliza; y aunque el mundo entero predicara contra la esperanza, aunque dijera que el futuro solo traerá nubes oscuras, el cristiano sabe que en ese mismo futuro está el regreso de Cristo. ...Por eso no nos encerramos en nosotros mismos, no lamentamos con melancolía un pasado que se presume dorado, sino que miramos siempre hacia adelante, a un futuro que no es solo obra de nuestras manos, sino que ante todo es una preocupación constante de la providencia de Dios. Todo lo que es opaco un día se convertirá en luz.

Quien lleva esperanza al mundo nunca es una persona sumisa. Jesús nos recomienda esperarlo sin quedarnos de brazos cruzados: «Dichosos aquellos siervos a quienes el señor, al llegar, encuentre despiertos» (Lc 12,37). (Papa Francisco, audiencia general, 11 de octubre de 2017)

“Piensa, allí donde Dios te ha sembrado, ¡espera! Siempre espera. No te rindas ante la noche: recuerda que el primer enemigo a someter no está fuera de ti: está dentro. Por lo tanto, no des espacio a los pensamientos amargos, oscuros. La fe y la esperanza avanzan juntas… Ama a las personas. Ámalas una por una. Respeta el camino de todos, sea lineal o difícil, porque cada uno tiene su propia historia que contar. También cada uno de nosotros tiene su propia historia que contar… Jesús nos ha entregado una luz que brilla en las tinieblas: defiéndela, protégela. Esa única luz es la mayor riqueza confiada a tu vida. Y sobre todo, ¡sueña! No tengas miedo de soñar. ¡Sueña! Sueña con un mundo que aún no se ve, pero que sin duda llegará… Si te equivocas, levántate: nada es más humano que cometer errores. Y esos mismos errores no deben convertirse para ti en una prisión… Si te golpea la amargura, cree firmemente en todas las personas que aún trabajan por el bien: en su humildad está la semilla de un mundo nuevo. Relaciónate con personas que han conservado el corazón como el de un niño. Aprende de la maravilla, cultiva el asombro.

Vive, ama, sueña, cree. Y, con la gracia de Dios, no desesperes nunca.  (Audiencia, 20 de septiembre de 2017)

Así el Papa Francisco invitaba a la Iglesia a una nueva evangelización, a que un nuevo fervor y dinamismo lleven a los demás el amor de Jesús en un “estado permanente de misión”, venciendo “el gran riesgo del mundo actual”: el de caer en “una tristeza individualista” sin esperanza

“La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de quienes se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría. En esta Exhortación deseo dirigirme a los fieles cristianos, para invitarlos a una nueva etapa evangelizadora marcada por esta alegría e indicar caminos para el caminar de la Iglesia en los próximos años.” (EG 1)

Referencias carismáticas

Nuestro Fundador, el Venerable padre Emilio Venturini, hombre de profunda fe, esperanza y caridad, ante la dura prueba de las supresiones llevadas a cabo por el gobierno italiano y viéndose obligado a dejar la comunidad del Oratorio y regresar a su familia, no se desanimó y en la constante búsqueda de la voluntad de Dios, guiado por mons. Boscolo, se dedicó a un nuevo apostolado totalmente orientado a las obras de caridad. Escribe al respecto: "Expulsado con violencia de la Congregación en mi juventud, y en excelente salud, me apenaba verme ocupado solo de mí mismo, y habiendo abrazado la Congregación no solo para mi propio beneficio espiritual, sino más bien para arrancar tantas almas como pudiera del infierno, y descartando la idea de entrar en alguna otra comunidad religiosa, porque me dijeron que no era esa la voluntad de Dios, prometí emplear mi buena y madura edad y mi salud en la mayor gloria de Dios... me entregué con todo el ardor a visitar, ayudar, socorrer directa e indirectamente a tantas familias pobrísimas en el cuerpo pero más aún en el espíritu; y lo que más me atraía y me hacía sentir los sentidos de la compasión y a lo que no pude resistir, fue ver a tantas niñas desamparadas y harapientas, casi como palomas desplumadas, estar siempre en lucha con el vicio y con el hambre." (Carta a la Congregación, 14 de mayo de 1876)

Su recurrir a Dios, su tener como punto de referencia a Cristo-roca fue una constante en su vida de hombre y de sacerdote, de fundador, para su misión a la que era llamado especialmente hacia quienes tenían necesidad. (Positio p. 31)

Para el padre Emilio, vivir la esperanza cristiana significó orientar su vida hacia el Señor con perseverancia y constancia, superando las dificultades de su tiempo con una fe inquebrantable y una vida de oración intensa. Abandonado a la voluntad de Dios y con una gran confianza en la Providencia, no tuvo miedo de iniciar la obra de caridad a pesar de mil dificultades: “Ahora se empieza, Dios proveerá”.

En Madre Elisa vemos el ejemplo de una mujer valiente que, como el padre Emilio, en tiempos de prueba, no se encerró en sí misma, sino que, animada por una intensa caridad, acompaña los primeros pasos de la obra encarnando el carisma con plena disponibilidad: “Si usted me ayuda temporalmente, yo me haría cargo de las dos huérfanas más abandonadas y las tendría conmigo”.

 Es clara la referencia a la esperanza que lleva a nuestros Fundadores a iluminar los tiempos oscuros de su época, dejándose guiar por el Espíritu hacia nuevos horizontes, con una gran capacidad de leer los signos de los tiempos y de hacer presente el Reino de Dios donde más se necesitaba.

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